lunes, 25 de mayo de 2009

Una amplia y ardorosa sensación causada por una mano proyectada directo al cachete.

Euforia y gritos espasmódicos lanzados hacia las paredes.

Conos voladores surcando las calles.

Ocho aldeanos del barril salieron de entre las penumbras.

“Todos los cholos se parecen” -cruzó por mi mente-.

Los siete enanos y un cholo. La camioneta nupcial. La escolta cholo-enañíl* humanoide.

Acatamientos forzosos, o’ sea; a la fuerza que proviene de la guadalupana.

“¡Se las fiamos, la neta!”

Zafarrancho de los safaris.

La horda aborigen con trabajos nocturnos de topo y chalecos naranjas de obrero nos liberó.

Estampida de los estampados.

Corrí, grite, reí, atravesando la calle en furor masivo.

Cholo enano albañil(nueva subespecie abundante)*